viernes, 1 de agosto de 2008

¡Con cada canción, una historia de amor!

NO LO DIGO YO.- Lo dice diario la EXTRA(<===ABRAN ESTA VENTANA), Y SI DESEAN OIR MÁS DE LA MÚSICA DE JULIO ABRAN ESTA VENTANA.
¡D e entre las miles de canciones que interpretó Julio Jaramillo hay una, de las menos conocidas -un vals- que refleja como una autobiografía cantada una parte decisiva de su personalidad: la de noviero y Don Juan. Se llama precisamente Tengo mil novias y hay que oír la picardía que le pone Julio cuando canta, acompañado de un coro “griego” que hace las veces de su conciencia: “Tengo mil novias (¡Tiene mil novias!, responde el coro)/ ¿qué voy a hacerle si soy picaflor?/ Rubias-morenas (¡Tiene centenas!)/ tengo un surtido de todo color”...Y más adelante, después de confesar que no puede casarse con las mil, remata: “De los amores yo soy el campeón”. Y revisando lo que fue su vida galante, sí, en los amores fue todo un campeón, sobre todo si se tiene en cuenta que a él las muchachas se le “botaban”, y en sus cartas, estas solían hacerle las propuestas más lanzadas.Según una de las entrevistas que en vida dio Apolonia Laurido, la madre de Julio, este solía decir: “Cuando no consigo una mujer por las buenas, la consigo por las malas; y si no la consigo por las malas, me caso con ella”.Fue precoz el muchacho. A los 16 años, cuando estaba en el primer año en el colegio Mercantil, se enredó con la mujer de un policía quien un día que los encontró juntos casi le dispara.A esa misma edad se hizo de su primera mujer, Irene, a la que llevó a casa de su madre para que la “acompañara”. También llevó a Odalia Sánchez, con quien convivía y esperaba su primer bebé, pero con la que se casó formalmente a los 17 años fue con María Eudocia Rivera, una jovencita tímida a la que después abandonaría.
Su gran amor. La vedette Blanquita Garzón aparece como un episodio importante en la vida el sentimental de América.
Llegaron otros compromisos en la vida de Julio -sonados e internacionales, con historias de bodas televisadas y posteriores abandonos- hasta llegar a su segunda esposa, Nancy Arroyo.“No voy a caer en la fábula de creer que fui la única mujer importante en su vida”, afirma Nancy, quien se ocupa actualmente de negocios inmobiliarios. “Pero de lo que tengo la certeza es que cuando me conoció las cosas cambiaron para él emocionalmente”.Ella dice que “nunca fui exigente”, que lo dejaba hacer lo que quisiera, pero cuando se enojaba por celos se iba con su mamá.“Cuando nos conocimos yo era una muchacha joven y no me gustaba su música. Era lastimero lo que él cantaba. Además me parecía chocante que todas las mujeres lo besaran. Pero cuatro o cinco días después de haberlo conocido, mi mamá me dijo que me levantara temprano porque había invitados. Y para mi sorpresa ahí estaba. A partir de ahí empezó a visitarme”.Pero antes, uno de los amores imborrables en su vida fue la famosa vedette guayaquileña Blanquita Garzón, a quien conoció cuando era una colegiala de 14 años. Con ella tuvo dos hijos y formó un hogar, que quedaba en las calles Lorenzo de Garaycoa y Alcedo, y que Patricia Jaramillo Garzón, la menor de esa unión, recuerda como plácido.Pero este iba a ser uno de esos romances que el escritor Gabriel García Márquez define como “contrariados”, pues su relación resultó intermitente, terminaban y volvían. Ella era uno de los grandes amores de su vida.Fue en una de las tantas partidas de Julio que Blanquita falleció a la edad de 26 años. Aquella mujer era una “despampanante bailarina, que recorrió varios países”, a quien JJ celaba al punto de llegar a pegarle un día en la 9 de Octubre y Boyacá, tal como lo recuerda el periodista Pablo Ulloa.
Nancy Arroyo fue la última esposa del “Ruiseñor de América”. Se casó luego de una intensa relación que se había prolongado por más de 15 años
Sus amores parecían una historia de novelas. Un día, con la confianza que tenía con Luis Cobos, uno de sus mejores amigos en Venezuela, tocó el timbre de su casa pocos minutos antes de la medianoche, entró y le robó a su hija Teresa, de 15 años.Y aunque han pasado más de tres décadas desde su muerte, a Teresa no se le ha olvidado aquella noche en que la sacó de la cama, la tomó en brazos y se la llevó, sin que su padre pudiera impedirlo.Aún le cuesta hablar de ese episodio que marcó su vida.¿Fue feliz? Era tan solo una niña jugando a ser mujer y en esa etapa tuvo a su hija Greysi, a quien de cariño la llaman Polita.“Julio quería ponerle Apolonia, como su mamá, pero a mí no me gustaba ese nombre, entonces él la llamaba Polita”.Además de las fanáticas, Teresa se enfrentó con algo mucho más fuerte: la noticia de otro hogar de Julio en Caracas. Tenía una relación de pareja con Luisa Navarrete, con quien procreó dos niñas y estaba esperando a un tercero. Entonces lo abandonó y regresó a su casa.Desde entonces los contactos se hicieron esporádicos. Él la acompañó en el bautizo de su hija y lo vio por última vez cuando se fue a México. Pero la llamaba con la intención de llevársela, hasta que ocho meses más tarde no volvió a saber de él.Para Luisa tampoco fue fácil. Lo conoció en un festival donde ella era reina del Carnaval y allí comenzó el romance, una historia que terminó de manera similar. “Me llamó de México para que preparara el pasaporte de los niños porque los iba a mandar a ver, pero eso nunca pasó”, recuerda con nostalgia. Pese al abandono, nunca olvidará que, coincidencia o no, él sí estuvo en el nacimiento de cada uno de sus hijos.En cada país al que llegó, el hijo de doña Polita y de Pantaleón se aseguró de dejar bien asentadas las dos vertientes más importantes de su fama: la del intérprete como se recuerdan pocos y la del mujeriego incansable.
El heredero de su voz en México
.Ulises Becerril Montalvo, hijo mexicano del inmortal J. J.
En el D.F. mexicano se le conocieron de tantos amoríos que en cualquier recuento se corre el riesgo de nombrar uno que es parte de su leyenda o de obviar alguno real. Uno de estos romances fue con Lucía Montalvo, a quien conoció en su primer viaje a México, cuando la confundió con Begonia Palacios, la actriz que había venido al país a participar de la película Romance en Ecuador.Ella tenía 24 años y un matrimonio que se vio afectado por una infidelidad. Julio la enamoró precisamente en esa etapa, le dijo que la amaba como a nadie había querido jamás.Una historia que el hijo de ambos llegó a conocer solo varios años después de su muerte, cuando vivía con la certeza de que su padre era aquel hombre que lo había criado. Su madre se reservó para ella los detalles de ese romance que prometió legarlo a su hijo, Ulises Becerril Montalvo, solo cuando ocurra su muerte.De por medio está la promesa a su esposo, que volvió con ella, de no recordar lo que ocurrió en los años cuando ambos se separaron.A nadie, más que a su hijo, ha contado los pormenores de aquella historia con el más conocido de los cantantes ecuatorianos.
Un amor tortuosoLas escenas de celos que protagonizaba el “Ruiseñor de América” es algo que no olvidan algunos de sus amores. Con la artista argentina Gloria Reich tuvo algunos conflictos, uno de los cuales se produjo en México.
Los tres de MéxicoUna se llama Julia Marina. Otro es hijo de una bailarina que se suicidó dos semanas después de la muerte de J.J. De ambos se desconoce paradero. Ulises Becerril no lleva su apellido, pero es reconocido por sus hermanos.